Reseña en Blog de Luis Vea (Poeta y crítico)

La caja de madera
Robert Fornés
Edición del autor, 2011
126 pp.
12 euros
No había tenido ocasión de leer nada de Robert Fornés, y, lo cierto, es que su descubrimiento me ha parecido satisfactorio. Su libro La caja de madera es un extraño compendio de relatos de diverso corte entre los que resaltan por un lado los de tipo social y por el otro los de género negro.
En principio tanta variedad podría dificultar su lectura pero no es así porque en todos ellos hay un nexo de unión: en cada uno de los relatos hay, como mínimo, un asesinato. Y ahora se entiende el motivo del título.
Dicho esto nos encontrarnos ante un libro variopinto que bucea en multitud de géneros y variables, partiendo muchas veces del género negro.
Hay género fantástico en Números, extraño relato de coincidencias y recovecos. Y también en Shamat donde Fornés parece emular la partida de ajedrez de la película de Ingmar Bergman, El séptimos sello. Vida y muerte se dan cita ante un tablero de ajedrez con final incierto, y que recuerda levemente al libro de Stephan Zweig, El jugador de ajedrez.
También se atreve con la Ciencia Ficción en el relato El tránsito inverso de las agujas del reloj, que tiene algo de H.G.Wells y su La máquina del tiempo, o más recientemente de la novela de Félix J. Palma, El mapa del tiempo.
La narración de Fornés es una narración fluida que suele desembocar en un final inesperado y que huye, en general, de los tópicos y del final fácil.
Tiene la prosa de Fornés un difícil equilibrio entre lo clásico y lo moderno. En los relatos de género negro hay algo de los clásicos, de Poe, pero también de Pérez Reverte o de Montero González -la figura de Charolito de Sed de Champán– y de libros que uno ha leído últimamente emparentados con el género negro y el canallismo, como las antologías El nudo en la garganta, editada por Trama editorial el año pasado, o más recientemente la de la editorial Baladí, La banda de los corazones sucios, editada este año. Eso muestra la pujanza de todo lo que significa el género negro.
Profundizando, uno se apercibe, en los relatos más canallescos, por la querencia del autor por cierta escatología y por las muertes sucias.
Cabe destacar su vocabulario preciso y adecuado a cada situación, desde el lenguaje culto al trasfondo de la delincuencia.
Sin embargo, sería injusto no destacar también una faz social en la literatura de Fornés. Al autor también le preocupa el tiempo que le ha tocado vivir y lo que ocurre a su alrededor y su mirada se dirige hacia temas que nos rodean, e incluso, que rodean y enmarcan las noticias de sucesos tan comunes en nuestra época y en nuestras televisiones: la pederastia, la pobreza, la obesidad o los malos tratos junto con otros encontronazos que nuestra sociedad proporciona: los celos –los crímenes pasionales como antes se denominaban-, la venganza o el trasfondo guerracivilista.
No es el libro de Robert Fornés un libro para la tranquilidad y la contemplación o sea que el amante de la literatura ñoña, sin sensaciones ni sobresaltos, no se sentirá contento con su lectura. Es más bien una literatura desasosegante, de las que remueve por dentro. Tras una prosa suave siempre se esconde algo sucio, algo negro, algo siniestro, como la vida misma.
Recomiendo especialmente la lectura de Números -relato ya premiado- por lo desasosegador, por lo obsesionante, por lo sorpresivo. No olvidemos que una buena parte de la literatura se nutre del conflicto, y por eso, por ese conflicto, los relatos de Fornés son absolutamente aconsejables.

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