Jarras

Jarras,
y algún bolígrafo usado
vendía
sentado en el soportal
de la iglesia.

Sucio, borracho,
mezclado en la imagen
con niños, perros y pelota
todos ellos pertenecientes a alguien,
a algo,
salvo él y su miseria.

Restos de una humanidad extinta
colgando de los extremos
raídos
de la manga de la chaqueta.

Recordando a todos,
en su translúcido existir
que entre jarra y jarra,
como aquel poeta dijo,
un día él también fue un niño.

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