La gran estafa | Artículo

Algunos días después del anuncio del Rey Juan Carlos de abdicar, la sociedad española aún no ha reaccionado ante la transcendencia real de esta decisión y las que le van a seguir. La realidad es que nos estamos tragando a bocaditos, con lacito y etiqueta incluida, una grandísima estafa.

Si consigues que en tu cabeza deje de sonar el I’m happy con el que los poderes fácticos de la nación quieren acompañar cualquier noticia relacionada con la sucesión monárquica y rascas por debajo de esa capa fina de buenrollismo campechano con la que las odas oficiales han pintado al Monarca parlamentario Borbón y a todas sus peripecias, observarás que existe un núcleo de melamina podrida que subyace a tanto pan de oro con toisón y flor de Lis incluidos.

Para empezar, al arrancar esa primera lámina, verás aparecer disimuladamente la pregunta incómoda que ni la Casa Real, ni PSOE, ni PP quieren que te plantees: ¿Y quépasa si a la sociedad española le da por no querer tener Rey? Acaso alguien nos ha preguntado si nos parece bien que Juan Carlos de Borbón organice unas elecciones con un único candidato como jefe de Estado- su hijo-, lo vote él sólo y eso nos lleve a otros treinta o cuarenta años de Borbonismo impuesto?

Para poner las cosas en perspectiva, conviene mantener fresca en la memoria la Historia reciente de la Monarquía en España y sus grandes momentos durante estos últimos cuarenta años. En primer lugar, debemos comprender que es Franco y el entorno de poder del dictador quienes organizan el desembarco de Juan Carlos en el trono para garantizar una transición ordenada y plural -en teoría- pero que en la práctica lo que pretende, y consigue, es mantener en los centros de decisión del país a las mismas personas y familias que lo detentaban antes de la democracia. En segundo lugar, no debemos olvidar el golpe de estado del 23 de Febrero de 1981, en el que un grupo de militares, pertenecientes todos ellos al entorno más cercano del Rey organizan una chapuza golpista de primer nivel que canta por soleares, y que permite al Rey salir en defensa de la democracia como si fuera ésta una damisela en apuros, garantizando la continuidad del proceso democrático y haciendo dispararse la buena prensa del campechano Real, cumpliendo además el objetivo adicional fijado en los pasillos de Zarzuela de apartar a Adolfo Suárez y sus excesivas medidas de apertura democrática de la Jefatura del Gobierno. Es curioso -y significativo- que la intentona golpista se concentrara en el Congreso de los Diputados y posteriormente en otros símbolos de la democracia, como los medios de comunicación. No recuerdo ninguna columna de tanques marchando amenazante en dirección a la Zarzuela.

En tercer lugar, muchos años después del “se sienten, coño”aparece el tercer gran hito de esa reciente singladura: las imputaciones de Iñaki Urdangarín- yerno del Rey- y de la Infanta Cristina- en una causa procesal por distintos y graves delitos de corrupción. Nuestro Rey, si hubiera tenido la preocupación que siempre se ha dicho que tiene por el pueblo español, habría utilizado su amplísima capacidad de influencia para apartar de su entorno a Urdangarín, que era una bomba lapa en potencia. Habría defenestrado al díscolo mocetón en vez de protegerlos a él y a su Infanta del huracán mediático obligándolos a irse a Washington a capear el temporal. Habría hecho cualquier cosa para cumplir el viejo dicho de que la mujer del César no solo tiene que ser honrada, sino parecerla. El caso es que, visto lo visto, a la Borbonada siempre le ha importado un pimiento morrón lo que piense el pueblo, ya que durante varios años ha encubierto las actividades delictivas del yernísimo y su hija la crédula Infanta. ¿Quémás da que ahora se diga que lo previno de abandonar tan erráticas costumbres?  Eso ya es totalmente irrelevante, porque no atajóel problema cuando debía haberlo hecho, y eso, en símismo, es un escándalo que debería hacer tambalearse a cualquier institución, incluida la Casa Real.

Y ahora, de repente, llega la abdicación. ¿Por qué? y sobre todo, ¿Por quéahora? ¿Por quéjusto después de unas elecciones al Parlamento Europeo que han supuesto un manotazo en la cara del bipartidismo monárquico apolillado? Las lenguas de curso oficial cuentan que la decisión estaba tomada hace meses por temas de salud física y democrática, pero que se ha puesto en práctica ahora, en connivencia con los líderes de PP y PSOE para no entorpecer dicho proceso electoral de las Europeas. Las malas lenguas, que como siempre en este caso, explican las cosas con una lógica pasmosa, dicen que precisamente el resultado de esas elecciones es lo que ha llevado al Rey a tomar esta decisión a correprisa. Alguien se imagina la posibilidad de que una cámara parlamentaria formada en su mayoría por partidos contrarios al pastelazo Monárquico tuviera que aprobar la Ley de Sucesión Real? Sería algo descacharrante.

Pero en realidad lo que es inaudito, inexplicable e inasumible es que a la ciudadanía se nos siga tratando como si fuéramos gilipollas. Los políticos se llenan los bolsillos de dinero público y aquíno pasa nada. Para eso no hay Rey que valga. Los bancos, los poderes financieros y los inversores internacionales han tomado el rumbo de nuestra economía y aquíno pasa nada. El Rey ni aparece. Nos están saqueando pero es por nuestro bien. Se plantea una sucesión en la Jefatura del Estado, y a nosotros, los ciudadanos, nadie nos pregunta si nos parece bien. Cojo mi corona, que en teoría me la otorga el pueblo, y te la cedo a ti, hijo, para que perpetúes un sistema caduco e inútil, pero no pasa nada.

Pues sí, síque pasa. Pasa que los españoles nos hemos cansado de tanto saqueo, de tanta manipulación. Pasa que si realmente la Corona es la mejor de las soluciones, es algo que tenemos que decidir los ciudadanos votándolo. Pasa que es hora de que todos Ustedes dejen de tomarnos por tontos y nos devuelvan la soberanía real permitiéndonos decidir sobre nuestro propio futuro con información real y veraz, sin manipulación alguna de los medios informativos, y con herramientas y gestores políticos de calidad. Pasa que estamos hasta el pirri de tanto sainete, de tanto Juancarlismo y de tanto rollo patatero. Pasa que si Su Majestad nos tuviera al pueblo en tan alta estima como dice que nos tiene, hace años que se habría comportado de manera distinta. Pasa que estamos hartos de todo este teatrillo. Pasa, por supuesto que pasa.

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