En el sexto, la luz del Sol brilla en la penumbra

Me despierto, sobresaltado. Por encima de mi cabeza, más allá del techo de la vivienda, probablemente varios pisos por encima del mismo se distingue claramente el ruido de una sierra de calar, cortando lo que parece ser algún cuerpo de madera, así como decenas de golpes de martillo, ambos sonidos de manera nítida e incesante. Son las dos de la madrugada. Enfadado y sorprendido, abro con sigilo la puerta de casa, accediendo a la escalera comunitaria, y subo en silencio , y en la más absoluta penumbra, cada uno de los cinco pisos restantes, buscando el origen de los sonidos que nos han despertado alarmados a mi mujer y a mí. Sigo la pista del ruído hasta llegar al sexto piso. El último. Del ventanuco que separa la escalera del rellano se filtra una luz mortecina, proyectada vagamente sobre el suelo de la escalera. Me aproximo en silencio a la claraboya y clavo los ojos a través de una de las esquinas para tratar de divisar qué y quién hay detrás de tan extraña actividad. Ahora los martillazos retumban con fuerza en todo el rellano. Se oyen voces. Sea lo que sea lo que encuentre, he decidido no dar media vuelta ya. Me dispongo a entrar.

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