Noventa grados, con prelavado

No soporto el olor de ese perfume-se justifica B en susurros mientras la cabeza del hombre que amó da vueltas en el tambor de la lavadora. La boca, los lóbulos de las orejas, los laterales del cuello, a la altura del hachazo. Todo en él huele a ella, insiste. El coche, las llaves, la billetera y la cuenta de la cena de negocios-para dos-de anoche. La bragueta de los pantalones y hasta la frente de los pequeños, que siguen dormidos, apestan esta mañana a ella.

Suena el teléfono. B se incorpora, camina hacia la base del inalámbrico, descuelga. Dígame, responde. Vaya, en ti pensaba ahora. Sí, en ti. No, Madre ha pasado la noche bien. Ha preguntado por su hija mayor. Sí, claro que sabe que te tocaba a ti quedarte con ella. Pues sí, tuve que mentirle; le dije que tenías una cena. ¿Ah, que la tenías? Ya.

B cuelga el teléfono. Vuelve a la cocina. Mira, a través del grueso cristal al interior de la lavadora. Se pregunta si quedará espacio para otra cabeza que limpiar a 90º, con pre-lavado. Sin duda que sí-concluye. Ésta será más pequeña, y aún olerá peor.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s