El producto de la política

El producto de la política rara vez es democracia.

 

-Buenas noches, estimados televidentes, y bienvenidos. Nos encontramos en el primer y único debate entre los dos candidatos a la Presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales del 26 de Abril. Por un lado, Justo Carrizo, actual Primer Ministro y candidato por parte de la Unión Conservadora. Por otro, Liberto Herráiz, líder de la oposición y candidato del Frente Progresista. En el debate se tratarán seis grandes bloques, Política Interior, Política Internacional, Relaciones Institucionales, Políticas Sociales, Justicia y por último, Política Económica y Fiscal. Al final de cada exposición, los contendientes tendrán derecho a un turno único de réplica de dos minutos máximo.

-A modo de presentación, ambos ofrecerán un discurso en el que desgranarán cuáles serán los ejes centrales de sus apuestas políticas. Empezaremos pues, con el aspirante de la Unión Conservadora, Don Justo Carrizo. Señor Carrizo, cuando usted desee…

-Buenas noches, conciudadanos- comenzó su diatriba el político conservador. Como Ustedes saben, mi partido, la Unión Conservadora, ha gobernado durante los últimos ocho años. En estas dos legislaturas, nuestro país ha desarrollado su economía y niveles de bienestar de forma exponencial. Nos hemos puesto a la cabeza de los países de nuestro entorno, creando un modelo de crecimiento económico basado en la economía de libre mercado, el laissez-faire, es decir, la no intervención del Sector Público para regular los mercados, y una política fiscal de reducción del gasto público y estimulación de la iniciativa empresarial privada. Todo ello se ha realizado en un marco de protección de las políticas sociales y de igualdad de oportunidades entre sexos, razas y cultos, de manera que hoy, créanme, no existe mejor alternativa de voto que la UCon.

-Muchas gracias, Sr. Carrizo-dijo el presentador con aire solemne-ahora es turno del actual líder de la oposición; así pues, adelante, Sr. Herráiz.

-Amigos, ciudadanos; Para mí es un auténtico honor representar ante vosotros la alternativa del cambio. Me genera una intensa ilusión ofreceros un programa de Gobierno en el que primen nuevos valores que coloquen a esta nación en la vanguardia de los derechos y protecciones sociales, en un estandarte de la igualdad, la verdad, y en un modelo de crecimiento económico justo, paritario, limpio, respetuoso con todos y válido para todos; en fin, que conviertan a nuestro país en un espejo en el que mirarse, un modelo para los Gobiernos del presente, y del futuro.

-Muchas gracias a Usted también, Sr. Herráiz. Es tiempo ahora de hacer un pequeño corte publicitario, para comenzar posteriormente con la ronda de exposiciones temáticas. Por favor, manténgase en nuestra sintonía, volvemos en unos minutos…

-¡Corten! sonó una voz atronadora en el set de Televisión. Un pequeño batallón de maquilladoras se deslizó desde las entrañas del estudio en dirección a los tres protagonistas para realizar los retoques de última hora a sus ya impecables cutis, mientras otro grupo de técnicos movían micros y cambiaban cámaras de posición. Para cuando los cuatro o cinco minutos que duró el corte publicitario se habían agotado, toda la marabunta humana que se cernía sobre el plató, había desaparecido, y de nuevo se encontraban solos los tres en el plató.

-¡Tres, dos, uno, dentro! gritó el técnico, para dar paso a la emisión en directo.

-Ya estamos de vuelta, estimados televidentes, en este debate especial, en el que contamos con los jefes de las dos formaciones mayoritarias para las Elecciones Generales del próximo domingo. A partir de ahora vamos a abrir un turno de exposiciones en el que éstos desgranarán sus apuestas cada uno de los grandes bloques en los que hemos dividido este espacio. Comenzaremos pues, por Política Interior. Recuerden que cada candidato dispondrá de cuatro minutos para exponer sus ideas, y que después se abrirá un turno de otros tantos minutos para el debate. Adelante pues con su propuesta, Sr. Carrizo…

-Muchas gracias, Sr. Siguera-indicó al presentador.-Nuestra candidatura-afirmó-es muy clara en Política Interior. Apostamos por la cohesión territorial y por la solidaridad más absoluta entre territorios. Uno de los ejes básicos en nuestra política interior y de seguridad es y será la lucha antiterrorista, no importa quién sea el que genere el terror. El Sr. Carrizo miró en ese momento a la cámara que tenía enfrente, y arqueando una ceja, dijo:

-Estimados votantes, Ustedes saben que la única candidatura que defiende la integridad nacional es la de la UCon, la única que ensalza los valores y virtudes nacionales. Saben que dedicamos todo nuestro esfuerzo a encarnar el espíritu de nuestro pueblo unido. Defendemos nuestra identidad, nuestra grandiosa historia y nuestro programa político, el programa de la Unión Conservadora.

Al acabar, miró al presentador con sonrisa de vendedor de alfombras, dando a entender que no cabía ni una coma adicional en su perfecta alocución. El presentador, captó el mensaje y dirigió la vista al lado opuesto, donde el jefe de filas del Frente Progresista esperaba su turno.

-Adelante, Sr. Herráiz, haga su exposición- apostilló el presentador antes de darle paso.

-Estimados ciudadanos, nuestro querido país no se va a desintegrar, no se dejen llevar por el miedo patriota que pretende generar la Unión Conservadora. Nuestro modelo territorial, en contra de lo que pregona el Sr. Carrizo, encarna la solidaridad, basada en la división federal del territorio. Nuestra nación, como saben, es un conjunto de sensibilidades heterogéneas que necesitan un marco de actuación flexible para coexistir. El programa del Frente Progresista, es muy extenso en ese punto y está pensado para proponerles una sociedad plena de modernidad, bienestar, solidaridad y futuro…

El primer bloque llegaba a su fin y los ánimos estaban ya algo tensos; los componentes de los respectivos equipos electorales, todos en pie, negaban de manera ostensible las afirmaciones del candidato adversario, mientras que los jefes de campaña de cada formación dirigían extraños y continuos aspavientos a sus cabezas de cartel, provocando más desconcierto si cabe en ellos.

Al ver la que estaba apunto de formarse, el veterano presentador pasó con celeridad al segundo bloque, el de Política Internacional.

En este caso fue el Sr. Herráiz quién expuso en primer lugar los colores y virtudes de sus naciones “amigas preferentes”. Habló del hermanamiento entre pueblos, de la revolución silenciosa, de la solidaridad. Defendió la condonación de deuda al tercer mundo, la ayuda al desarrollo por valor del 0.7% del Producto Interior Bruto, así como la alianza entre pueblos, asuntos todos ellos que no hicieron sino que incrementar el disgusto de sus contrincantes y el alboroto de los suyos.

Posteriormente, el Sr. Carrizo tomó la palabra y habló del eje del mal, de las naciones aliadas y enemigas y del inminente peligro de un espantoso holocausto nuclear. Su discurso generó un desproporcionado torrente de aplausos de su equipo electoral, mientras que el contingente progresista abucheaba sonoramente. Las preguntas respecto a las misiones de paz fueron otro punto de agria discordia, dado que no se ponían de acuerdo, ni en el número de efectivos ni los conflictos a los que enviar a los pobres y abnegados castrenses. La tensión se palpaba en el ambiente, y ambos ya empezaban a cruzarse epítetos nada cariñosos, tales como “carca, vejestorio, o pasa arrugada” de un lado, y “falso progre, amigo de los maricones y drogadicto” del otro.

Los siguientes bloques fueron un auténtico desastre. El tono del debate se tornó duro, farragoso, y las descalificaciones leves fueron sustituidas por insultos graves.

Tras un buen rato de desentendimientos, acusaciones y recusaciones, se llegó con el ánimo prendido como una mecha al último bloque, el de Políticas Económicas y Fiscales. Haciendo caso omiso de los aspavientos e indicaciones en voz alta del presentador, el candidato Herráiz tomó la palabra y arrancó su diatriba a gritos:

-¡Ya está bien de pagar el lujo a los opulentos! ¡Ellos, con su codicia, son los principales culpables de llevarnos directos a esta horrible crisis! ¿Y quién lo paga? ¡Pues el de siempre! ¡El trabajador! ¡Y todo con la connivencia suya y la de su partido, Sr. Carrizo, que no solo ha permitido todo esto, sino que lo ha fomentado de forma ladina! ¡Usted, Sr. Carrizo, tiene muchas cosas que callar!

Carrizo saltó de su sitio llevado por la cólera, y comenzó a bramar:

-¿Yo? ¿Se refiere Usted a mí? ¿Se atreve Usted a hablar de mi ética, Sr. Herráiz? ¡Ustedes, que proponen el más absoluto inmovilismo! ¡Sus diputados tienen reparos hasta para ir del escaño al water! ¿De verdad creen que seremos un país mejor por repartir ayuditas míseras que solo hacen que empobrecer las arcas públicas al sacar dinero del mercado y retrasar así  nuestra salida de la crisis? ¡Usted, Señor Herráiz, es un inepto! ¡Un impresentable y un burro! ¿Cómo pretende ser presidente de este país?

Como si de un canguro se tratara, el candidato progresista saltó hacia delante mientras vociferaba: ¿Yo inepto? ¡Chorizo! ¡Ladrón!

¿Ladrón  yo? ¡Usted no me insulta así en público!

¿Que no? ¡Pues claro que le insulto! ¡Incompetente! ¡Sinvergüenza! ¡Putero!

¿Putero? ¿Putero? ¿Pero cómo se atreve, pedazo de mamón?

Preso de la rabia, Carrizo tiró mano al bolsillo interior de la americana, y sacó una pistola de calibre pequeño. Apuntó a su contrincante en el entrecejo y le espetó: -¡Herráiz!; ¿A qué ahora no tienes narices a llamarme putero?

Herráiz se lanzó en plancha, consciente del peligro, y propinó en su vuelo un puñetazo a Carrizo en medio de la boca. Éste, que no esperaba reacción tan furibunda, se comió el golpe enterito. Las cámaras seguían grabando aquel lamentable espectáculo. Estos momentos brindarían, según la valoración de los analistas en los debates posteriores, un auténtico torrente de votos cruzados, un incremento espectacular de la intención de voto y la radicalización de las posturas en la calle. De vuelta al set, una voz que venía de un lateral del estudio gritó autoritaria: ¡Corten!

Como provistos de sendos motores a reacción, ambos se levantaron del suelo, al que habían caído presa de la violenta lucha. Se incorporaron de forma lenta, ceremoniosa casi.

-Joder, Liberto- dijo Carrizo- habíamos quedado que no me ibas a dar fuerte…

-Se me ha ido un poco la mano; ya sabes que lo nuestro es actuar en el hemiciclo, no por los suelos de un set de Televisión.

-Pues sí-respondió Carrizo- pero no hay nada como darle carnaza a la plebe para que se levante. Hemos elevado la temperatura de la olla varios grados de golpe, Liberto. Ahora tendremos legitimidad para dar el golpe sobre la mesa y barrer toda la escoria que ha proliferado con este mal entendido estado de derecho. Por cierto, Sr. Siguera, enhorabuena por todo el montaje; por favor, asegúrese que los miembros de su equipo mantienen la boca bien cerrada, no es necesario que le explique lo que pasará con ellos si no lo hacen así.

El debate surtió el efecto deseado. Dio fuego vivo a la base de la sociedad. Pasaron los días y llegó el domingo, día de elecciones. A las diez y media de la noche, el recuento oficial otorgaba la victoria a la Unión Conservadora por un estrecho margen de votos. Pero eso daba igual; el plan había salido bien. La salvaje radicalización de la campaña, unida a la severa crisis económica arrastrada durante años había exacerbado a la opinión pública, cuya hoguera formada por los palos de la crisis fue prendida con violencia por la chispa del debate. Hubo graves disturbios, saqueos de comercios, pillajes y sangrientos ajustes de cuentas, tanto antes como después de las elecciones. Ambas formaciones acordaron entonces decretar el estado de excepción y un formidable recorte de los derechos civiles en una declaración televisiva conjunta. En pocas semanas habían tomado el control pleno del país,  Ilegalizando el resto de formaciones y aplastando las voces críticas con una brutalidad desmedida.

Había llegado la oscuridad.

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