-El sexo como objeto de placer. El realismo histérico- Una corriente literaria nueva.

Como ya he comentado al principio de este artículo, todos los escritores mencionados comparten algo más allá de la profesión. Todos ellos, en mayor o menor medida siguen en su escritura una serie de rasgos definitorios propios que los han hecho merecedores de formar, por lo menos ante los ojos de puñado creciente de críticos literarios, una corriente literaria nueva. Las bases comunes en las que se asientan son:

Cualquiera que haya leído la narrativa de Pynchon, DeLillo, Foster Wallace o Roth, entre otros, se habrá dado cuenta que todos ellos comparten algo más que el oficio de escritor. Sus textos parecen arrancar de puntos de partida similares y por caminos relativamente parecidos, llegar a las mismas conclusiones. Esa situación es lo que un crítico literario consideraría una pepita de oro en un río atestado de barro, agua y piedras. Es decir, una corriente literaria nueva. Eso, al menos, debió pensar allá por 2009 el crítico James Wood al sacarse de la manga con mucha sorna el término “realismo histérico” cuando trataba de calificar la novela “Dientes blancos” de Zadie Smith, en su libro Los mecanismos de la ficción (Ed. Gredos, 2009).

Si tratamos de tomar como punto de partida que el realismo histérico es algún tipo de realismo formal, convendremos que esta afirmación es, cuanto menos, arriesgada. En la práctica, parece ser una tendencia afluente del postmodernismo y sus características mucho más que surgir de ningún tipo de realismo. De ahí, quizás, lo de “histérico”. Si bien comparten alguna característica común con la estética realista clásica, aquel parece una adaptación sacada de madre y Made in America del posmodernismo literario.

Todos estos hechos son los que la cultura, en los últimos cincuenta años ha tratado de digerir y darles una respuesta creativa. Surgieron movimientos que alternaron en el tiempo sentimiento y razón, optimismo y desazón, fantasía y realidad. El realismo, el naturalismo, el expresionismo, el existencialismo, y por último, el postmodernismo fueron las consecuencias intelectuales de tan errático siglo.Todos los autores que comienzan a aparecer bajo este sello han experimentado en sus pieles la mayor parte del Siglo XX, pues la mayoría rondan los setenta. El final de la era del colonialismo con la caída de los enormes imperios de ultramar, varias revoluciones ideológicas y sociales, una enorme crisis económica mundial a finales de los veinte, dos guerras mundiales, el nacimiento de la era nuclear, la guerra fría entre rusos y americanos, la división del mundo en dos bloques contrapuestos, la caída de ese mundo, el auge del terrorismo internacional a gran escala con los atentados del 11 Septiembre como gran origen, la revolución de las telecomunicaciones con Internet como cabeza visible, el surgimiento del modelo de sociedad del bienestar en los años cincuenta y la actual crisis del mismo por culpa de la especulación financiera, el surgimiento de los Estados Unidos como potencia hegemónica mundial, y lo que parece ser, sesenta años después, el inicio del declive de la “American Way of Life”.

Dentro del marco de actuación norteamericano al que el realismo histérico se ciñe casi en exclusiva, ésta refleja el desencanto con la sociedad en general a partir de los años cincuenta. Este desencanto fue gestado en la supresión más o menos escandalosa de derechos y libertades civiles en muchas partes del primer mundo. Como respuesta a la sensación de fracaso del hombre ante sus instituciones sociales, el individualismo se situó en el centro de la importancia y generó la búsqueda principal del progreso individual, no colectivo. Estados Unidos salió bautizado de la Segunda Guerra Mundial como líder del mundo y su economía basada en el capitalismo brutalmente orientado al consumo, ha venido promoviendo que las verdades sean inciertas e intercambiables y que el objetivo final sea la obtención de placer inmediato y fácil, de manera que, al fin, todo sea fácilmente reemplazable, incluso las personas.

Los medios de comunicación en masa adoptaron más que nunca su posición de poder, convirtiéndose en el cuarto poder de las democracias. Esto les ha otorgado la capacidad de facto de generar, juzgar y administrar los contenidos transmitidos según criterios en los que no prima la veracidad o conveniencia ética del mensaje, sino el medio y el grado de convicción que es capaz de generar mediante el uso de conceptos tan bizarros como el de los factoides, haciendo más vigente que nunca una de las máximas de la propaganda del nazi Goebbels, el principio de la orquestación (repite un millón de veces una mentira para que se acabe haciendo verdad). El caso es que hoy más que nunca, para ser plenamente consciente de esta realidad, no hace falta más que encender el televisor y dar un paseo de unos minutos por la espléndida parrilla de programación con la que somos obsequiados a diario.
Para terminar, si aún algún haz de culpa pudiera caer, despistado, sobre nosotros, la sociedad posmoderna ha creado toda una categoría de teorías de la conspiración, las cuales tratan de explicar los grandes problemas de la sociedad de una manera cómoda y sin profundidad, actuando como grandes chivos expiatorios.La combinación de individualismo, hedonismo y superficialidad han promocionado durante todos estos años un culto desproporcionado a la imagen, en contraposición al cultivo interior de las personas. Éstas sólo quieren vivir el presente, la sociedad es más relativista que nunca y sólo importa la satisfacción de necesidades individuales e inmediatas, aplaudiendo como vehículos de satisfacción de estas necesidades el culto a la tecnología y el vivir rápido, todo lo rápido que tus recursos te permitan. La pérdida de fe en la justicia, desaparición de los idealismos y pérdida del objetivo de auto superación personal como vía para el éxito y reemplazo por la cultura del éxito rápido y fácil han generado corrientes muy peculiares y dañinas de negación personal ante los problemas de la sociedad, tendencias que no dejan de ser una estrambótica derivación nihilista de la realidad.

Velocidad y extensión.

El Realismo Histérico busca captar el movimiento perpetuo, no parar de contar cualquier historia, subhistoria o intrahistoria que pueda o no ser relevante bajo un punto de vista narrativo en un bucle de proporciones grandiosas. Es un movimiento de corte básicamente norteamericano, cuyos formantes parecen perseguir lo que Walt Whitman consideraba “El Gran Poema Americano”, es decir, un texto con características metanarrativas que fuera, en sí, tan grande en extensión casi como los Estados Unidos. Por lo tanto, los escritores del realismo histérico buscan el mirlo de oro en la redacción de una novela generalmente enorme en extensión, que incluya variedad de subhistorias adyacentes y en la que se traten los problemas estructurales de la sociedad americana y sus posibles soluciones. Para ello se sirven de un desparrame histérico de energía en la narración.

Tratamiento de la angustia existencial

Es particularmente distintivo en el realismo histérico el tratamiento de la palpable sensación de deshumanización. Tanto Foster Wallace, como Pynchon, Palahniuk, Roth y otros dejan de prestar atención a las condiciones internas de las personas para intentar dibujar un enorme mural en el que salga reflejada la mayor porción posible de la realidad. Esa es su contribución al realismo clásico.

El enfoque de estos autores lleva a las tramas de sus libros al tratamiento de los males presentes en la sociedad americana:

-Las adicciones, los excesos.-Profunda amargura existencial.

-El malestar ante la sociedad capitalista salvaje.

-Relación del hombre con la tecnología.

-Agresividad autodestructiva como respuesta a los problemas de la sociedad (ficción transgresiva, según Palahniuk)

-Reflexión sobre la cultura popular (sobre todo la urbana).

-Descentramiento de la autoridad intelectual y científica (mediante el uso de las redes sociales e internet como instrumento revolucionario).

Ahora bien, toda la narrativa realista leída procede de escritores norteamericanos, y por tanto, todos ellos hablan de cuál es la realidad social de ese país. No hay referencias de ningún tipo a la realidad europea ni a sus posibles y complejas soluciones. Como escritor, y más aún, como lector, el lienzo que pintan ahonda en la sensación de hartazgo de los valores preponderantes en la cultura norteamericana, puesto que son inherentemente distintos a la europea. Europa, como ente propio, tiene una realidad muy compleja y diferenciada de la norteamericana. Los problemas de allí no son los de aquí. Las soluciones, por lo tanto, tampoco. Y pretender utilizar las mismas píldoras para sanar a los dos enfermos es pretender andar cómodo con un zapato de la talla 42 y otro de la 37.

Técnicas narrativas.

Esta corriente, que en la realidad está más cercana al postmodernismo que al realismo, propone la hibridación de estilos y formatos, la fusión del espacio y el tiempo narrativo, así como la percepción difusa de la realidad. Esto, ayudado por la fusión de estilos narrativos y géneros (novela, ensayo, cómic, guión…) han provocado la abolición de las técnicas clásicas de narración, sustituidas por la libertad absoluta en estilo, forma y fondo en la que realidad y ficción comparten el mismo espacio. Esto, por supuesto, choca frontalmente con el realismo, al menos en su versión más clásica del término.

Propone una nueva configuración y nuevo tratamiento del autor, el narrador, los personajes y las tramas literarias. Utiliza, a nivel macroestructural, la metanarrativa, la recursividad, el pastiche, la parodia y la apropiación. A nivel microestructural, utiliza la metáfora literal, la alegoría, la polifonía y la especialización, así como el estilo indirecto libre. Utilizan en la mayoría de los casos un humor mordaz, punzante, como instrumento vehicular de sus quejas acerca de la sociedad.

Conclusión.

A pesar de utilizar el nombre de pila del “realismo”, esta corriente se encuentra algo lejos de las posturas realistas, al menos como las entendían los escritores que dieron vida a esta tendencia a mediados del siglo XIX.  La corriente se inserta más dentro de la convención postmodernista de la literatura que del mero realismo formal, y viene a coincidir con esta tendencia únicamente en su intento por plasmar la realidad de la sociedad que les rodea. Con todo y eso, la corriente maximalista (que es otra forma de denominar al realismo histérico) busca suplir las carencias del modernismo literario prescindiendo por completo de las formas preconcebidas y los estilos encorsetados. Por el contrario, busca la flexibilidad formal, el uso de técnicas de hibridación, la superposición de tramas narrativas y el amontonamiento de información, a veces incluso hasta el hartazgo.

Como movimiento, supone un intento de plasmar el descontento social de manera creativa. Pero las valoraciones de sus escritores están basadas en la realidad social de los Estados Unidos. En próximos años habrá que comprobar si la tendencia ha conseguido cruzar el charco, y con sus adaptaciones pertinentes, es capaz de explicarnos a los europeos, el por qué de tanta miseria actual.

Artículo de Robert Fornes, publicado en Granite & Rainbow #17.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s