Alguien se aproxima

Hace horas que estoy aquí. Escucho mi propia respiración, agitada, irregular. Incapaz de mover un solo músculo, de articular una simple palabra; pero estoy vivo, igual que vosotros. Sacadme de aquí bastardos, no me dejéis en esta maldita celda de metal frío. Soy consciente de la realidad, de todo lo que ha pasado. Me habéis matado en vida. Me habéis enviado al depósito dónde ahora mismo espero, más vivo que nunca, el tratamiento dado a los muertos. Quiero chillar, patalear, dar puñetazos a la portezuela de acero que me separa del mundo que se mueve…pero no puedo, no puedo hacer nada. No es una pesadilla, un sueño lúcido, estoy seguro, estoy despierto.

No me enterréis, por favor.

Oigo la puerta de la sala abrirse con un golpe seco; sonidos de un caminar fatigado se acercan. Alguien se aproxima. Luz, la puedo tocar, la percibo, han abierto la puerta de mi cámara. Con un firme estirón, noto que el soporte donde permanezco sale disparado por los rieles hacia el exterior. El celador quita de un tirón la sábana blanca que me cubre y me mira, aterrorizado.

¿Será quizás porque finalmente he conseguido abrir un ojo y ahora le miro fijamente?

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