El Punto Cervantino

Esta es la historia de un punto, un minúsculo e insignificante punto que tenía por costumbre quedarse escondido en el último rincón del tintero de su escritor. Voluntariamente cedía el protagonismo a letras, símbolos y números, que uno tras otro salían tomados suavemente por la pluma y asentados sobre el papel rugoso formando una cadencia armoniosa de palabras y silencios.
Y se escondía porque pensaba que siendo tan insignificante, no era digno de la imaginación y el talento de su progenitor, el genial Miguel de Cervantes.

-No puedo compararme con la esbelta y sigilosa hache-se repetía una y otra vez- ni con la voluptuosa be, ni tampoco con la afilada equis. Si el maestro me toma con su pluma y me asienta sobre el papel, nadie reparará en mí, este minúsculo borrón, latoso paréntesis entre frases en el que me he convertido.

Y así, desdichada, transcurrían los días del punto, empequeñecido a sus propios ojos en comparación con el resto de letras. Oía de lejos el relincho de Rocinante, las sinrazones del Quijote y los contrapuntos juiciosos de Sancho, el batir de los molinos que no eran gigantes, e incluso la sonora explosión de fuegos de artificio en la cola de Clavileño…

Un día, bien temprano, oyó a Don Miguel llamarle.

-¡Punto! ¿Dónde estás, pequeño punto? ¡Sal pronto del tintero, no temas! Deja que te tome con mi pluma, pues tengo algo importante que decirte.

El pequeño punto asió con sus cortos brazos la punta de la pluma, y no sin dificultades logró encontrar acomodo subido a lomos de ella.-¿Qué puedo hacer por Vos?-preguntó el punto.

-Querido punto-exclamó Don Miguel-Igual pensabas que no había reparado en tí. Nada más lejos de la realidad. Siempre he sabido que estabas en el fondo del tintero. Te he visto durante muchas noches, antes de apagar la luz del candil, entremezclado con los demás símbolos, con las demás letras. Y hace tiempo ya que decidí que ibas a ser tú quién ibas a hacerlo.

-¿Hacer el qué, Maestro?- respondió el punto, extrañado.

-Tú vas a ser, querido amigo, la culminación de mi obra. A tí voy a encomendarte la importante tarea de cerrar la narración. Vas a ser, en resumen, el punto final de mi Quijote de la Mancha.

-¿Yo?-exclamó el Punto.

-Sí, tú. Quizás no te des cuenta, pero en todo este tiempo he visto el valor que tienes desbordando ese minúsculo cuerpo, tu lealtad, bondad y misericordia, así que he decidido encomendarte la misión más importante de todas, la de mantener a todas las palabras juntas, conexas, con sentido, vas a mantener el orden de todo y en todo, y tú, y sólo tú, serás quién indiques al lector que la historia concluye donde tú estás, y serás testigo de llanto y sonrisa, bostezo y asombro, tú y solo tú tendrás esa oportunidad, así que cuando estés listo dímelo, descuida que yo sabré llevarte a tu sitio…

Y así nuestro amigo, el minúsculo Punto, se convirtió en el importante punto final de una de las novelas cumbre de la literatura mundial, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Moraleja: Muchas veces pasamos por alto las cosas más insignificantes, las más pequeñas, sin saber que son ellas las que en verdad dan sentido a toda nuestra vida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s